El prestigio de las marcas termina superando a sus creadores. Es el caso de Liliana Restrepo Arenas y sus coequiperos, que han hecho de Frisby una emblemática empresa símbolo pereirano de calidad.
Nos complace que en el post sismo, Liliana Restrepo sea nuestra voz en la Junta Nacional del Fondo Milagro, desde el cual se espera desactivar la bomba social que nos amenaza.
En esta ocasión crucial para la ciudad-región que vio nacer y crecer a Frisby, el turno del liderazgo efectivo y confiable para tocar el cielo de la reconstrucción y la transformación, en buena medida, está en sus expertas y diligentes manos.
Es la misma complacencia que en 2018 en una reunión de pares académicos con referentes de la Universidad Libre de Pereira, le escuché a su inolvidable marido, Alfredo Hoyos Mazuera: “Frisby no sería posible si a mi lado no hubiera tenido desde el principio a la economista que se graduó en esta Universidad”.
El éxito del post terremoto depende del plan, del dinero y del manejo y ejecución de sus inversiones. No obstante, el estar en una junta de empresarios no asegura que los billonarios recursos fluyan con la facilidad de los discursos con que se anuncian o se reclaman.
También su prestigio personal está en juego, máxime cuando los resultados dependen del turbio mundo de la política donde el fantasma de la frustración siempre está al acecho. Confiamos en su verticalidad para poner los puntos sobre las íes cuando las cosas no sean lo que parecen, tal como lo hizo con el truculento caso de Frisby España.
En esta crisis, me gusta verla en la Junta Milagro, lejos de la politiquería y el inaceptable tráfico de influencias. Y creo que su gestión tendrá gran alcance en favor de las pequeñas y medianas empresas que lo perdieron todo, y ni aseguradas estaban.
Y en favor de centenares de familias de clase media-alta, apartamentos de abuelos y pequeñas oficinas de profesionales que quedaron en la calle y que en medio de la angustia y el duelo, ni siquiera se registraron en el RUD porque los oportunistas coparon sus espacios.
El dolor es grande y el olvido es insufrible, pero la ausencia de Estado sería imperdonable.
Soñamos, queremos y deseamos fervientemente que al final del periplo de reconstrucción, Pereira, Dosquebradas (donde está la sede principal de Frisby) y nuestra región en general, incluyendo a Manizales y Armenia, sean tan bellas, prósperas y atractivas como Frisby.
Que al final, su designación en la cumbre del Fondo Milagro, pase del umbral de la complacencia al legítimo orgullo risaraldense de haber logrado el propósito superior del que tanto nos habló Alfredo El Grande.
Que no esté lejos el día de decir que, nadie lo hace como Liliana lo hace.





