Un informe de la Universidad Nacional de Colombia, citado por El Tiempo, registró que; al 28 de febrero de 2002, 1.634 familias damnificadas por el terremoto de enero de 1999 permanecían en 66 albergues temporales de Armenia. Aunque se proponían culminar el proceso de “destemporalización” de esas familias en mayo de ese año, mediante la entrega de las viviendas pendientes, ya habían pasado tres años desde el terremoto y un número importante de personas seguía en albergues “temporales”.

Este ejemplo permite hacer una advertencia que viene al caso de Pereira y su área metropolitana, después del terremoto del 10 de agosto de este año: las ciudades tendrán que enfrentar una enorme operación de alojamiento, paralela a la reconstrucción.

Aunque la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) expidió la Resolución 0765 del 26 de agosto de 2026, que establece el procedimiento para reconocer y pagar un apoyo económico destinado a contribuir a una solución temporal de vivienda para los damnificados directos del terremoto del 10 de agosto, esta alternativa, además de su corta duración —tres meses—, tropieza con una dificultad adicional: la falta de viviendas disponibles para alquilar, otra consecuencia de la gran cantidad de casas, apartamentos y habitaciones afectados por el fenómeno. En Pereira más de 35.000 y en Dosquebradas, aproximadamente, 14.000 viviendas afectadas.

Entonces, los alojamientos temporales aparecen como la única solución posible para una cantidad apreciable de familias que no pueden conseguir otra alternativa.

Pero un albergue no puede ser simplemente un lugar donde poner a los damnificados mientras pasa la emergencia. Hay estándares internacionales, normas colombianas y, sobre todo, la experiencia histórica que acabamos de recordar, que advierten sobre lo que puede ocurrir cuando lo provisional se prolonga indefinidamente.

El Manual Esfera, uno de los principales referentes internacionales sobre las respuestas humanitarias, establece normas mínimas para el alojamiento y asentamiento de las poblaciones afectadas por desastres. Es utilizado por Naciones Unidas, gobiernos y organizaciones humanitarias para planificar y evaluar la atención de las emergencias. Entre sus referencias está la necesidad de garantizar espacio suficiente, seguridad, privacidad, ventilación, agua, saneamiento y protección para las personas afectadas.

Este Manual Esfera sugiere un espacio mínimo habitable de 3,5 metros cuadrados por persona, (cuarta edición- 2018, Pág. 284)

En el país la UNGRD elaboró su «Manual de Estandarización de Ayuda Humanitaria de Colombia», cuyo propósito es establecer un nivel mínimo de calidad en la asistencia a las personas afectadas por emergencias y desastres.

El documento incorpora expresamente como referentes el Proyecto Esfera y otros estándares humanitarios internacionales, y sus disposiciones sobre alojamientos temporales son bastante precisas y, también, establece, entre otros parámetros, 3,5 metros cuadrados de espacio cubierto por persona; un sanitario por cada 20 personas; una ducha por cada 20; un lavadero por cada 40; y una cocina comunitaria por cada 50 familias.

Así mismo prescribe condiciones de seguridad, drenaje, iluminación y privacidad. Las instalaciones sanitarias, por ejemplo, deben estar ubicadas de manera que no queden en lugares aislados, oscuros o solitarios que puedan favorecer situaciones de violencia o abuso.

Lo anotado da a las ciudades afectadas por el terremoto del 10 de agosto los parámetros necesarios para evaluar si un alojamiento temporal es realmente digno, como lo prescriben las normas.

De otro lado, la experiencia de Armenia demuestra que el paso del tiempo puede convertir un alojamiento concebido para atender una emergencia en una solución que se prolonga durante años.

Por todo lo anterior, el verdadero indicador de una buena respuesta a las consecuencias del terremoto no será solamente el porcentaje de familias que logramos albergar, será saber si pudimos brindarles alojamientos temporales dignos y cuánto tardamos en devolverles una vivienda digna y dejar de llamarlas damnificadas.

Una pregunta para cerrar: ¿de dónde saldrán los fondos para adaptar y sostener los albergues temporales, con las complejidades anotadas?


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