¿Cómo hacer para que en un escenario de posterremoto, la gente, además de lo urgente (la vivienda, la comida, el trabajo, etcétera) pueda contemplar la importancia de la cultura?

Tengo que ser muy honesta, yo creo que no necesariamente una gran tragedia es la que abre conciencias sociales. Pero Colombia no solamente ha vivido un terremoto, sino varios, y otro tipo de tragedias. Lo cierto es que no ha habido ninguna señal de que, ni desde la política pública ni desde la sociedad en general, se hayan despertado canales de solidaridad distintos a los que normalmente vemos.

Lo que está demostrando el terremoto del del diez de agosto, es que la situación no es distinta. Lo vemos en términos de política pública departamental, municipal y nacional, y también en la respuesta privada y de la sociedad en general hacia el sector de la cultura, lo que deja mucho que desear. Para provocar cambios tendría que pasar algo distinto a una tragedia. Más bien tendría que empezar a revisarse la prioridad de la política pública y el mismo sector cultural en su integridad, para empezar así a pensar cuáles pueden ser los posibles cambios que lleven a los ciudadanos, a los políticos, a los empresarios, a mirar la cultura de otra manera.

Hay un llamado recurrente de Claudia Morales al Ministerio de Cultura, precisamente, para proteger esa cadena del libro que quedó a la intemperie, que no ha tenido si se quiera el foco noticioso.

Ese llamado realmente lo hago como una obligación moral. Soy directora de una feria, lo que no me obliga a estar tocando puertas en ninguna parte más allá de lo que implica la gestión de la misma. Hago esto porque creo que tengo que acudir a todos los recursos posibles para llamar la atención de las necesidades del sector. Esto realmente lo tendría que estar haciendo la gobernación o el municipio a través de sus secretarías de cultura.

Después del diez de agosto, lo que he visto es que esto confluye como en un desprecio o negligencia para observar al sector cultural de Pereira. Eso me ha llevado a tocar la puerta de la ministra en la red de X y a tratar de usar otros caminos para convencerla de la necesidad de hablar con el sector cultural de Pereira. Incluye las puertas de los medios, los colegas nacionales, empresas, otros aliados; intentando elevar una voz por un sector, no para que me hagan un favor a mí y ni siquiera a la feria, sino para empezar a fijar sus ojos, su atención, en algo que verdaderamente lo necesita.

Siguiendo en ese ejercicio de salirse la idea de que ‘mientras sea monje tocaré la campana’; si pudiéramos simplificar, ¿cuáles serían tres necesidades gruesas que se podrían identificar en el sector cultural después del sismo?

Una, infraestructura. Y no solamente hablo del ecosistema del libro, también de las salas de exhibición, del Santiago Londoño, del Museo de Arte, de las salas de teatro. Muchos de estos lugares quedaron devastados; y para otros que tenían espacios en alquiler, como la librería Sabia o Libraria, su lugar de trabajo y de productividad se anuló.

Segundo, el empleo, porque lo ocurrido trajo despidos y puede llegar a ser dramático. Y tercero, el hecho de no tener lugares dónde trabajar y crear. En la medida en que no hay lugares en los que los distintos actores de la cultura puedan desarrollar sus actividades, eso va en detrimento de su propia economía, tranquilidad, y su propia salud mental.

¿Cómo podría aportar a la reconstrucción el sector cultural?

Empieza por poder ser observados, reconocidos. Un sector puede tener muchas ideas creativas, pero si no es entendido como prioridad, no se tiene en cuenta su capacidad creativa, sus opiniones, pues difícilmente puede pensarse qué aporte pueden hacer. El sector cultural de por sí está llamado a crear, pero requiere los medios para poderlo hacer.

Lo que han venido haciendo muchos actores culturales de la ciudad, teatreros, libreros, editores, colectivos, es acercarse a las comunidades más afectadas, a tratar de llevar un poco de alegría desde la cultura; con títeres, dibujo, pintura, clubes de lectura. Pueda que no tengan cómo aportar en dinero u otros bienes, pero siempre, y esa es la belleza de la cultura, tiene cómo hacerlo desde sus creaciones culturales.  

Cuando observas, por ejemplo, los lugares en guerra, como Gaza, Ucrania, generalmente aparecen creadores desde la cultura llevando un poco de alegría con títeres, lectura en voz alta, pinturas, origamis para los niños. Y en esos ratos rompen esa cotidianidad de tragedia y encuentran algo de alegría. Eso es lo que quizás tendría que entender la sociedad y la política pública, con el sector cultural de la mano, crear estrategias para ayudar en la reconstrucción.

Pero hace un par de días se anunció desde el Gobierno Nacional la suspensión de los premios estímulos para el sector, ¿qué opina al respecto?

Hay una confusión que raya con la mezquindad. Lo que se está viendo es al gobierno actual defender esa decisión con argumentos bastante debatibles, y al gobierno que salió defendiendo también el por qué con argumentos muy debatibles. Todo arranca porque no hubo un empalme, ni en la cartera de cultura ni en ninguna otra. Eso trae consecuencias, entre muchas, esta suspensión.

Es comprensible que haya prioridades en la actúa situación, pero el argumento del terremoto no cabe porque no es la primera vez que ocurre. Menos cabe aún desde la política pública. Se tendría que estar pensando cómo se soluciona y no cómo se crea otro problema.

De igual manera, se ve que muchas personas no tienen ni idea de cómo funciona la cultura y por qué es importante promover estímulos y reconocimientos a la calidad y al desarrollo de productos culturales. Uno se queda pasmado. Muchas veces haya más reconocimiento internacional que en el propio país. Y cuando una sociedad no aprecia la cultura, la educación como un bien máximo, la ciencia, la tecnología, el deporte, que hacen parte de todos esos rubros que siempre se recortan de primero en un país como el nuestro, es que no está entendiendo nada.

En esa escala de vulnerabilidad, no hay ni un censo consolidado del sector. ¿Cómo hacer para organizarlos?

Quizás este podría ser el momento de hacer un llamado a la unión porque lo que he observado trabajando de cerca con el sector en Pereira, es que hay desunión. Esto abre rendijas por las cuales se empiezan a colar y a profundizar efectos tóxicos. Si hubiera un sector más unido, más consciente de las necesidades del otro, más solidario, propositivo desde lo positivo, seguramente tendría una visibilidad distinta. Ese camino debió recorrerse hace mucho, no como antesala de un terremoto u otra tragedia, entonces el nivel del debate del sector con lo público y con lo privado sería mayor.

Creo es la oportunidad para una revisión interna. Como cuando hay un conflicto en el hogar o en pareja. Toca hacer un esfuerzo por ir más allá de señalar las culpas. Lo que amerita sentarse a pensar ¿yo qué habré hecho, cuál es la autocrítica de mis acciones o palabras, qué dejé de hacer, qué me faltó?

Sí, hay muchos errores en la sociedad, en la política pública, en quienes tienen músculo financiero; pero cuando el sector trabaja desunido, tampoco se está ayudando a un mejor entendimiento de las propias necesidades y de lo que pueden aportarle a los seres humanos y a la sociedad. Así que una autocrítica también es importante para ver en qué momento esto puede llevar al sector a reorganizarse.

Por último, ¿es un hecho que la Feria del Libro de Pereira se corre para noviembre?

Sí, se hará entre el cinco y el nueve de noviembre. Y esta es una buena manera de poder cerrar, invitando a todas las personas a lo quizás sea una pequeña luz de esperanza en medio de esta situación. Recomponer la feria no fue fácil. Es una tarea que demanda un esfuerzo físico, emocional y mental más allá de lo que se puede imaginar, pero se hace con la convicción de que necesitamos reencontrarnos, abrazarnos y tal vez pensar que cinco días de feria pueden ser una suerte de respiro de luz, de alivio.

Nosotros no cobramos la entrada a ninguno de los cuatrocientos encuentros organizados. Esto incluye lanzamientos editoriales, talleres, teatro, música, investigaciones académicas. Todo es libre. Si alguien del común quiere ir y aprovechar, quiere disponer todos sus sentidos en la feria, estoy segura de que no va a regresar a su casa igual, va a llegar con el corazón un poquito o muy contento. Por ende, la invitación es aprovechar. Aunque estamos trabajando con limitaciones y muchas angustias también, seguimos centrados en esa convicción de hacerlo a pesar de las circunstancias, creyendo con firmeza que es por el público y por el sector.