Como consecuencia del terremoto, Pereira vive la coyuntura más desafiante desde su fundación. El concepto es también válido para Dosquebradas.

Pongo el reflector en esa conclusión como testigo de cada minuto posterior al cataclismo del 10 de agosto y luego de escuchar el pasado martes 27 a los voceros del Comité Intergremial de Risaralda exponiendo con detalle técnico, la visión de prospectiva que la institucionalidad empresarial y académica tiene de esta puñalada letal que el sismo nos dio a los pereiranos, como nunca antes en 163 años.

Ocurrió en el Concejo de Pereira, donde (pagados con nuestros impuestos), brilló la lánguida ausencia de ocho concejales que quizás no sienten compromiso con el futuro de la ciudad; y otros tres o cuatro que charlaban, chateaban, entraban y salían mientras el resto de concejales atendían y entendían lo que oían y veían.

Me dije: -vivimos entre la pereiranidad y el importaculismo- lejos de cualquier revelación y recordé los años 70 y 80 (para no ir más lejos), cuando en el piso 9 de la Alcaldía el ayuntamiento brillaba con concejales que preferían el honor a los honorarios. De esa madera ya no hacen.

Pensé de cómo quisiera estar vivo y saludable para recorrer las calles de la nueva Pereira que queremos ver, sobre todo en el polígono del centro multiactivo donde se cocinó la ciudad de hoy. Y de cómo por fin, tendremos una Pereira ordenada.

De cómo nos gustaría que el alcalde Mauricio Salazar y este Concejo pensaran menos en las próximas elecciones y mucho más en las próximas generaciones. Estas superan a aquellas.

De cómo el Alcalde y el Concejo están obligados a ser conscientes de abrir el camino para que del 2027 al 2032, hacer en 5 años un proceso efectivo y eficiente de reconstrucción y transformación de diez años.

De cómo este Alcalde y este Concejo y los elegidos en 2027, hagan el mejor uso del Decreto 1422 del 17 de septiembre pasado, en especial del acápite de Ordenamiento Territorial y Suelo, sobre ajustes excepcionales y abreviados, cuyas facultades por cuatro años, son herramientas para hacer lo mejor, o lo peor.

El abuso del 1422 con fines politiqueros y de intereses económicos torcidos sería un crimen inaceptable que tendría un histórico castigo ciudadano. Entre otras cosas porque ya tiene tres veedurías en la mira.  

Nunca antes hubo otra coyuntura igual. Ni siquiera en el Forec. Este alcalde y este Concejo y los nuevos del 2028 tienen la ventana de oportunidad para hacer una administración admirable. O miserable.

Reconstrucción y transformación con propósito, grandeza y pereiranidad genuina es lo que reclaman la ciudad y la historia por escribir.

Sus contemporáneos lo agradeceremos. O la historia los juzgará.