Las crisis son parte de la vida, de las personas, de las sociedades, de los países, la experiencia en su manejo es bien conocida, el Banco Mundial ha publicado extensos manuales de manejo y las publicaciones y estudios de sus características y manera a enfrentarlas son muy abundantes, las causas de las mismas son bien diversas, las guerras, las económicas, las consecuencias de los desastres ambientales: los sunamis, los incendios, los terremotos.

         En nuestro caso tenemos también experiencias sobre la manera como se manejaron crisis anteriores, de ellas se puede extraer la manera de superarlas, conocemos lo que bien funcionó y en qué nos equivocamos.

         Lo de Pereira, supera con creses a la desolación de no poder recordar como eran las calles donde ahora solo vemos solares, el impacto económico es inmenso, el estudio de la Cámara de Comercio nos permite calcular el lucro cesante, los empleos perdidos y los que están en riesgo de desaparecer.

Los datos son alarmantes; en estos cuarenta y cinco días el  impacto afecta en su casi totalidad a las microempresas, Steven Cárdenas calcula en un billón de pesos el lucro cesante y el daño emergente y los empleos que han desaparecido suman decenas de miles.

         Ayer recibí la visita de un empresario que tiene negocios Pereira, entre muchas otras ciudades de Colombia, me expresó su preocupación por el futuro de la ciudad y por la manera como estamos enfrentando la tragedia, tal pareciera que estamos en cursos de manejo de crisis, las reuniones abundan, tanto las institucionales como las de las organizaciones que empiezan a tomar cartas en el asunto.

Ya tenemos noticias de veedurías, de organizaciones de la sociedad civil que quieren aportar sin que las hubieran llamado o preguntado, las reparaciones se están dando por parte de los damnificados que no pueden esperar; la Diger, la que tiene el poder de decidir que hacer, está copada y por lo tanto no puede atender tantas solicitudes, lo que retrasa el inicio tanto de las demoliciones como de las reparaciones.

         Los mecanismos diseñados para hacer control al manejo de lo público como las veedurías, mismas que no siempre se ejercen con pulcritud y apego a la verdad y se convierten en otro escollo, el afán de protagonismo, el uso de la crisis para fines políticos, ya asoman las orejas del lobo, todas estas dolamas son bien difíciles de controlar, razón suficiente para recordar el ya predicado glasnost, la política de trasparencia con la que la Unión Soviética abrió las ventanas.

         La ciudad está en calma, mejor, está desolada, la maquinaria pesada derrumba a discreción, y los voluntarios que tan heroicamente se sumaron al rescate de las víctimas y la recolección y distribución de las ayudas de subsistencia no han desaparecido, están presentes pero no encuentran el cómo ayudar.

En algunas ciudades se vinculan los grandes empresarios con dinero; los médicos y clínicas funcionan a pesar de la destrucción de sus instalaciones, pero algo falta, y el tiempo corre y las necesidades crecen, las grandes ayudas privadas en Pereira no se conocen si es que existen, los gremios han asumido el manejo de la crisis lo que los hace responsables de lo bueno y de lo malo y los gobernantes agotan sus recursos y la noche que llega.

Coletilla: Dijo el comandante de las FARC que la JEP es una corte que ellos crearon para que les juzgara; el resultado después de ocho años era entonces predecible, ni condenas ni penas, lo que si ha logrado es convertirse en una inmensa burocracia que se refleja en una nómina ocho veces mayor que la del Ministerio de Justicia, tiene 51 magistrados que no fallan, no condenan, no ordenan reparar a las víctimas pero si se dan la gran vida, haciendo 75 viajes al exterior: a Miami, París o Barcelona, turismo como denunció la senadora Posada, quien además encontró derroche y desgreño en el manejo del tesoro público, al cual responden con el nadie puede hacer auditoría a la manera como gastamos.


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