En esta crisis post terremoto el renovado bloque parlamentario de Risaralda tiene un enorme desafío y la necesidad de demostrar de qué están hechos a la hora de exigir del Gobierno Nacional la atención que nuestro desastre merece.

No es la hora de los videítos anunciando que “se presentó una proposición” o “elevamos una solicitud al Ministerio”.

Que no olviden nuestros congresistas elegidos el pasado 8 de marzo para un periodo de cuatro años, que en el despacho del Gobernador de Risaralda adquirieron el compromiso de trabajar por Risaralda como un solo bloque.

A diferencia del Valle del Cauca que eligió 22 congresistas (9 senadores y 13 representantes a la Cámara), Risaralda solo tiene 3 senadores y 4 representantes. A su turno, Chocó nos ganó de compasión y la solidaridad de los cacaos del gran capital para quienes Risaralda no está en el mapa.

Hemos perdido relevancia e influencia en el Estado. Hay quienes dicen que nos volvimos parroquiales.

En sana crítica, deberíamos hacer a un lado los egos y pedir apoyo a los congresistas de Caldas y Quindío y hacer lobby con los del Tolima. Para algo debe servir la RAP.

Es muy probable que muchos tengamos diferencias con el exsenador y exalcalde de Pereira, Juan Guillermo Ángel Mejía.

Siento de verdad, que, esta vez, más vale que escuchemos a Ángel Mejía y le paremos bolas a su experimentada mirada sobre el reparto de los recursos del Fondo Milagro para la reconstrucción no solo del desolador desastre del terremoto en Pereira y Dosquebradas, sino también en todos los municipios de Risaralda, especialmente en las zonas rurales, de las cuales casi no se dice nada, aunque el gobernador Patiño ha llamado la atención al respecto.

En mi opinión, el exalcalde Ángel Mejía tiene razón, porque su argumento está bien fundado en el sentido de que es arrolladora la fuerza política y electoral del Valle del Cauca en el Congreso de la República y en el alto Gobierno Nacional. Se siente.

Además de región altamente productiva y con un empresariado potente, el Valle nos está ganando el pulso y se está quedando con el león y la parte.

Allá fluyen y fluirán los recursos. Aquí solo recibimos chichiguas, expectativas y esperanzas que no son suficientes porque la ausencia de Estado, con el paso de los días y el drama del desempleo, podría ser letal.

En el Congreso brillan las solicitudes, constancias y discursos filibusteros, pero el peso específico del poder político y las influencias, se hacen sentir al repartir recursos.

En esos niveles se suele recordar la sentencia de que, “a un igual se le da su igual y a un desigual, su desigual”.

En eso son expertos los políticos del Valle. Los conozco de vieja data y sé que ellos sí saben cómo es la cosa cuando es política.