Siempre escucho las alocuciones del presidente los domingos a las 8 de la noche. Una vez terminó su última intervención, quedé preocupada porque mencionó las ayudas para el Quindío y el Valle, pero no habló de Risaralda.

Inmediatamente expresé mi preocupación en redes sociales y al otro día me llamaron de La W. Fui muy clara: veo a Pereira desolada, triste, desbaratada y sin respuestas inmediatas. En ese momento ni siquiera me estaba refiriendo al señor alcalde, sino a que el presidente no había hablado de nosotros.

Los periodistas de La W hicieron lo obvio: preguntar qué estaba pasando.

Hoy le tocó el turno al alcalde. En una entrevista rindió informe de su “buena” labor en la reconstrucción de Pereira: las tejitas que ha entregado, el milloncito a los vendedores ambulantes, la gasolinita a los taxistas, la recolección de escombros y otras acciones. Los “itas son del señor alcalde , no míos”

Cuando le preguntaron si era cierto que su señora esposa, hoy senadora, estaba haciendo política con los damnificados, la defendió categóricamente. Explicó que en ese momento no obraba como senadora, sino como gestora social.

Después le preguntaron si era cierto que no se hablaba con el gobernador. El alcalde aceptó que llevaban dos meses y medio sin hablarse. Entonces el periodista Julio Sánchez le respondió que se pusieran a trabajar, que no era momento de hacer política.

Una hora después, estaban convocando a una rueda de prensa conjunta el alcalde y el gobernador. Al parecer, para tomarse juntos la foto y criticar la llamada “apocalíptica” que yo había hecho a La W y la manera tan cruel en que, según ellos, lo había tratado Julio Sánchez.

En la rueda de prensa, el alcalde volvió a hablar de sus tejas, su gasolinita, su millóncito de pesos y los nombramientos de 5.000 pereiranos para barrer y sacudir la ciudad. Agregó que no tenía más plata y que el resto dependía del Gobierno Nacional.

Esta vez no lloró.

Minutos después, el señor que hace parte de la junta directiva del Fondo Milagro, y que en otras ocasiones ha criticado seriamente al alcalde y a su señora esposa, la senadora, escribió su columna habitual refiriéndose a mí, aunque sin mencionar mi nombre.

Dijo que todo había comenzado por la llamada de una señora a La W, que qué injusticia con el pobre alcalde, que yo había mentido y que la ciudad estaba muy activada: que el alcalde había entregado las tejas, la gasolina, arreglado puentes y que, además, le rendía tributo al primer mandatario.

El señor al que me refiero es, precisamente, quien tiene la responsabilidad de contarle al Gobierno Nacional en qué estado se encuentra Pereira.

Por lo que escribió hoy, todo va muy bien y la economía casi que activada en su totalidad .

Eso sí, se les olvidó decir a los que hoy parecen ser los dos mejores amigos:

¿Qué va a pasar con el desempleo?

¿En qué va el nuevo Plan de Ordenamiento Territorial?

¿Dónde va a vivir la gente que perdió sus casas?

¿Qué van a comer los pereiranos que no solo perdieron sus viviendas, sino también sus fuentes de ingreso?

¿Qué va a pasar con los campesinos que perdieron prácticamente sus cosechas?

y los niños que no tienen escuela o será que para el señor miembro de junta las escuelas tampoco se cayeron

Tal vez no lo mencionaron porque, para ellos, todo va bien y esto va en pura verraca.

Y esta ciudad pujante y cívica saldrá adelante por obra y gracia del Espíritu Santo.

Ah, y al miembro de la junta del Fondo Milagro también se le olvidó recordarle al alcalde que, si las obras del estadio no hubieran costado el triple, si no se hubiera gastado tanta plata en fiestas anteriores y en alumbrados navideños, etc etc , seguramente hoy tendríamos recursos para más tejitas y, por lo menos, otro poquita de gasolina para los señores taxistas.

Porque una cosa es entregar ayudas. Y otra, muy distinta, es tener una respuesta integral para reconstruir una ciudad.


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